¿En qué voy?

agosto 9, 2008 at 7:24 pm Deja un comentario

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Cuando llegue a la Argentina la expectactiva de probar cada medio de transporte que no conocía me llenaba de emoción. Todo comenzó bien. El avión fue mi primera experiencia fascinante. Amé viajar en el y a la vez, el se comportó muy bien conmigo, sin turbulencias, sin movimientos bruscos, sin altas ni bajas. Todo estuvo bien.

En Lima, el taxi, el micro, la combi tonera y los buses son el pan de cada día. Cuando llegué a Buenos Aires, a excepción de la combi, los demás ya eran conocidos, aunque cada uno de ellos tiene su cosa peculiar.

A la falta de una combi tonera, Buenos Aires tiene el tren tonero o como le dicen aquí, el tren fantasma. Considerado por muchos como un medio de transporte barato pero peligroso… similar a la combi, no?

Antes que llegara aquí muchos me dijeron que el tren era muy peligroso, que los primeros meses mejor era transportarme en bus para ir a capital. Y lo hice. Pero para ahorrar y aminorar gastos cuando por placer, diversión o estudios tengo que ir a capital o a otro lugar de la gran Buenos Aires, ya no es un problema para mí subirme a un tren.

Admito que no es la cosa más agradable, pero hay que verlo con otros ojos. Durante una semana viaje cuatro veces seguidas en tren. En un viaje, subí y bajé en total seis veces en un solo día, en tan solo 4 horas. Uno, fue por error mío, otro porque para transladarme de Lanus a La Plata se tiene que tomar dos trenes… pero (recomendación) hay que saber donde y a que hora tomarlo. Digamos que es mejor no ir en tren a partir de las 6pm, un domingo, con mochila llena y menos sola, a veces la valentía nos juega una mala pasada.

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El viaje de una hora y media de duración, o incluso más… si te equivocas de tren -como me pasó a mí- puede causar graves daños físicos, quizás es una exageración, pero… en invierno, a 5 ó 6 grados, con asientos de metal (más frío aún), con ventanas rotas o puertas que no se cierran,pueden ser causas suficientes de múltiples dolores en la cola (las cuatro letras) y en la cabeza (un enorme chichón), o sufrir el adormecimiento de las piernas por la misma posición durante todo el trayecto o el enfriamiento de las manos porque me olvide de llevar los guantes.

Gente que sube, gente que baja. Miles de personas toman el tren. No solo estudiantes o escolares, sino gente que va a trabajar o gente que trabaja ahí mismo. Se ve de todo. Enamorados, casados, hijas y madres, padres e hijos, trampas y no trampas, solitarios y solitarias, en grupo o en bandas, ancianos y ancianas, niños y niñas.

Uno espacio no solo para viajar, sino para consumir. Desde CD´s de música de los 80s hasta la cumbia. Desde la promoción de dos alfajores por el precio de uno hasta la venta de empanadas de dudosa procedencia. Desde lapiceros multicolores desechables hasta colección de libros de los mejores autores mundiales.

Un mundo aparte. Un mundo donde se aprecia al verdadero argentino. Un mundo donde no se asoma la seguridad, ni aquellas personas que la imparten. Un mundo donde perro, gato y pericote hacen fiesta.

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