Aeropuerto de Buenos Aires

febrero 29, 2008 at 5:04 pm Deja un comentario

Mi vuelo no salió a la hora esperada. Un cambio en el pasaje me permitió quedarme un tiempo más con la familia y esperar las llamadas de algunas personas que faltaron despedirse. Hora de llegada 8:20am en Argentina y 5:20am en Perú.

Días antes de viajar, recibí recomendaciones y escuché experiencias acerca de viajar en avión:

  • Que te da dolor de cabeza
  • que te duele los oídos
  • que no vayas en la ventana
  • que el aterrizaje es complicado
  • que come un chocolatito o un caramelo… Entre otras cosas.

Ninguna de las cosas señaladas me sucedió. Para mí el viaje estuvo muy chévere. Una experiencia única. Lamentablemente no pude ir de lado de la ventana pero el pasillo no fue problema. A mi costado no tuve gente babeando ni roncando, eso fue lo mejor.

Ver el amanecer por la ventana del avión fue sensacional, estar encima de las nubes y ver el ala del avión realmente no lo podía creer. Era la primera vez que realmente estaba “en las nubes”.

Ya dentro del aeropuerto y asegurándome con mis maletas la experiencia en mi primer día en suelo gaucho no fue tan bonita, aunque el paisaje era el mejor (la naturaleza y los chicos lindos), pisar el aeropuerto con maletas que pesaban una tonelada fue mi martirio.

Llegar a una tierra que no conoces, que tratas de llamar a la persona que te iba a recoger y no entra la llamada, donde no ves a nadie conocido o algún cartel que diga tu nombre, solo me detuve a pensar que no tenía que salir del aeropuerto. Pero el locutorio fue la salvación.

Con mi carrito de las maletas recorría el aeropuerto en busca de un locutorio. Los teléfonos públicos no me sirvieron. Y aunque entre a un locutorio, la odisea era peor porque no me entraba la llamada a la casa de la amiga que me iba a recoger e incluso llamaba a mi casa (a Perú) y tampoco me funcionaba. Mi salvación fue mi amigo, mi padrino, mi colega Nacho (ya lo conocerán chicas – en otro post les contaré de él).

A él le pedí de favor que llamara a mi casa. Aunque la desesperación ya se estaba apoderando de mí, el trataba de mantenerme siempre con ánimo y tranquila, él fiel a su persona me hizo ese gran favor. Cuando lo volví a llamar ya estaba más tranquila, habló con mi mamá, y aunque la llamada le costó 50 centavos de peso (50 céntimos) nunca dudo en realizarme el favor.

Después de dos horas de mi llegada, por fin di con la persona que me debió recoger a las 8:20am. Cansada del viaje y del paseito a casi todo el aeropuerto enrrumbé a la capital (yo recién bajadita). La Europa chiquita, Buenos Aires.

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Argentina: Buenos Aires y La Plata Buenos Aires querido

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