A poco días de acabar el año 2007 (digamos solo falta un mes), la sensación que me deja es que noviembre fue el peor mes de toda mi existencia (y no es exageración).

Noviembre se convirtió en situaciones y momentos tristes, difíciles y con un estrés siempre imperante. No solo por los estudios sino también por mi vida personal. Y cuando las dos cosas se juntan, uno ni sabe como arreglárselas. Quizás me hago muchos problemas, aunque (creo) yo soy así.
Siempre se dice que las malas noticias llegan juntas y eso me pasó a mí, pero la que me pegó más y sacudió mi vida fue perder a mi abuelo.
La muerte de mi abuelito fue justo el mismo día del cumpleaños de mi hermana. Ella no se encontraba en Lima el día de su santo, y aunque preparaba un fiesta ese fin de semana tuvo que cancelar todo lo planeado y viajar antes para despedirse del abuelito y así brindarle un último adiós.
El día de su muerte, mi papá Tranqui estuvo postrado en su cama, su sueño prolongado e interminable era señal que ya no volvería a ver su rostro, que su voz ya no volvería a escuchar y esos ojos azules ya no me volverían a mirar. La tranquilidad de su muerte fue reflejo de su ser, de su vida pacífica y de su momento de decir hasta aquí llegué.
Un hombre de 90 años que estaba cansado, exhausto y que pedía morir, pero que Diosito supo en que momento tomaría tan drástica decisión. Decisiones que uno no comparte, pero que solo debe agachar la cabeza y aceptar.
Una muerte que ha dejado un vacío muy grande en mi corazón y en mi vida, y siento que aún no lo he asimilado, ya que con solo recordarlo hace que se me llenen los ojos de lágrimas. Fue un momento muy complicado, quizás ahora recién lo puedo contar y describir, pero solo se siente cuando uno realmente ama y quiere a una persona incondicionalmente.
Era la primera vez que vivía un entierro de un familiar tan cercano y ahora me cuesta mucho (y aunque el tiempo tampoco me lo ha permitido) ir a la casa de mi abuelita y saber que no veré a mi papá Tranqui, mi abuelo.
Nada es fácil, eso lo sé, pero también sé que ahora mi abuelita, mi tía, mi prima y mis sobrinos necesitarán más de nosotros. Lamentablemente he de asumir la realidad, que él ya no está fisicamente con nosotros, pero si su compañía, su espiritu y su amor de abuelo.
Le rezo a él para que me ayude, para que me permita estar siempre bien con Diosito. Ahora mi papá Tranquilino (así se llamaba) aunque ya no está, físicamente, entre toda la familia, su espíritu bromista y jodido (como todo un Dediós) será recuerdo también de valentía, compromiso y sobre todo de amor hacia quien es su esposa, doña Eleuteria, mi abuela.







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el dibujo esta muii boniii o.o